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Heces de dinosaurio conservan las primeras plumas de un ave buceadora

Publicado el 3 min readPor NewUJ Editorial Desk

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Heces de dinosaurio conservan las primeras plumas de un ave buceadora
Foto: Andrey Atuchin (illustration); O'Connor et al./Current Biology (fossil photo)
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Un excremento fosilizado, del tamaño de media pelota de golf y recogido en 2016 en la Formación Hell Creek, en el noreste de Montana, conserva plumas de un ave buceadora extinta. En la revista Current Biology, el 10 de septiembre de 2026, un equipo de investigadores describe varios fragmentos de pluma dentro del coprolito, junto con escamas de un pez catán y huesos de la pata de un hesperornitiforme: un ave en su mayor parte incapaz de volar que perseguía peces bajo el agua como hace hoy un colimbo. Según el Field Museum, donde la autora principal, Jingmai O'Connor, es conservadora asociada de reptiles fósiles, son las primeras plumas de hesperornitiforme halladas hasta la fecha. El animal que dejó el excremento no está identificado: el museo habla de un gran depredador, "quizá un T. rex o un Nanotyrannus", y el equipo no lo atribuye a una sola especie.

El fósil permaneció casi una década en colecciones antes de publicarse el análisis. Lo recogió en 2016 David DeMar Jr., paleontólogo del Burke Museum de la Universidad de Washington. Para leer su contenido sin destruirlo, el equipo analizó la composición mineral de la muestra y le hizo tomografías computarizadas. El Field Museum y la Universidad de Washington publicaron sus anuncios el mismo día. Entre los autores figuran, además de O'Connor y DeMar, Gregory Wilson Mantilla (Universidad de Washington y Burke Museum), Nate Carroll (Carter County Museum, Montana) y Karen Chin (Universidad de Colorado en Boulder).

Lo llamativo del plumaje es que es mixto y no uniforme. Según la Universidad de Washington, dos de las plumas —entre ellas la que asoma en la superficie del coprolito— presentan rasgos que solo se ven en las aves actuales y en sus antepasados inmediatos, como un raquis cuadrado con el interior esponjoso; ninguna otra pluma conocida del Mesozoico reúne esas características. Otras plumas del mismo ave son más pequeñas, afelpadas y primitivas, del tipo asociado a dinosaurios anteriores. La universidad las considera las plumas fósiles mejor conservadas del Mesozoico. El detalle conecta con una pregunta persistente: por qué la extinción de hace 66 millones de años fue selectiva, con linajes enteros de aves desaparecidos mientras sobrevivían los antepasados de las aves actuales. La hipótesis de O'Connor es que el tipo de pluma de estas aves, o la forma en que mudaban, fue una de las causas de fondo de esa selectividad: un plumaje que retuviera peor el calor corporal habría supuesto una desventaja seria en el frío posterior al impacto del asteroide.

Sigue siendo una hipótesis, no una explicación cerrada. Un solo coprolito registra el plumaje de un ave, no el de todos los linajes del Cretácico, y el equipo no afirma que las plumas por sí solas decidieran qué grupos sobrevivieron. La identidad del depredador sigue sin resolverse, y poner a prueba el argumento exigirá más material: más coprolitos, más fragmentos de pluma y comparaciones con más aves cretácicas. Por ahora, el hallazgo ofrece una muestra física de cómo era realmente el plumaje de un hesperornitiforme.

Fuentes

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