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Estudio: las mareas explicarían por qué Venus no tiene luna

Publicado el 3 min readPor NewUJ Editorial Desk

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Estudio: las mareas explicarían por qué Venus no tiene luna
Foto: NASA / Pioneer Venus Orbiter
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Venus es casi una gemela de la Tierra en tamaño, masa y estructura, y sin embargo no tiene luna. Un estudio publicado el 14 de septiembre de 2026 en The Astrophysical Journal sostiene que no hace falta ningún desastre para explicar esa ausencia: la física de mareas, por sí sola, habría arrastrado una luna hasta hacerla caer sobre el planeta.

El trabajo, titulado “Tidal Demise: The Evolution and Fate of a Hypothetical Venus Moon”, está encabezado por el astrofísico de UC Riverside Stephen Kane, junto a Franck Selsis, Jérémy Leconte y Sean N. Raymond. No afirma que Venus tuviera una luna alguna vez, sino que pone a prueba una pregunta más acotada: si se hubiera formado una, ¿habría podido durar?

La clave está en la rotación. La Tierra gira una vez cada 24 horas, y esa rotación transfiere energía hacia fuera, hacia la Luna, que se aleja unos cuatro centímetros al año, medida con los espejos que Apolo 11 dejó en la Luna. “Sabemos que la Luna se aleja lentamente del planeta, a un ritmo de unos cuatro centímetros por año”, dijo Kane a UC Riverside. En Venus ocurre lo contrario: tarda 243 días terrestres en girar una sola vez, y a ese ritmo las mareas arrastran al satélite hacia dentro en lugar de empujarlo hacia fuera.

El equipo recorrió una amplia malla de condiciones iniciales: periodos de rotación de la Venus primitiva de entre 5 y 100 horas, masas lunares desde una centésima hasta diez veces la de nuestra Luna, además de distintas excentricidades orbitales y propiedades del interior. Según el resumen del artículo, cuando el día primitivo de Venus superaba las 15 horas aproximadamente, o el satélite pesaba más de unas dos masas lunares, este acababa dentro del límite de Roche del planeta y se desintegraba en un plazo de entre 0,03 y 1,7 miles de millones de años. Una luna solo sobrevivía a la edad del sistema solar en un rincón estrecho del espacio de parámetros: una Venus primitiva de giro rápido, con un día inferior a unas 12 horas, y un satélite no más pesado que el nuestro.

Por qué importa: las explicaciones anteriores recurrían a un segundo impacto violento que habría arrancado la luna de Venus. El artículo concluye que la evolución por mareas basta para dar cuenta del estado actual del planeta y que ese episodio de arranque, aunque podría eliminar una luna, no es necesario. “Mi estudio muestra que Venus no necesitó una catástrofe para llegar a lo que vemos hoy”, afirmó Kane.

Demostrarlo será difícil. Cerca del 80 % de la superficie de Venus tiene la misma edad, huella de una renovación ocurrida hace unos mil millones de años que borró la geología anterior. Kane apunta a que las pruebas podrían estar más abajo: los estudios sísmicos en la Tierra han revelado estructuras extrañas a gran profundidad que podrían ser restos del impacto que formó la Luna, y mediciones similares en Venus permitirían comprobar si el planeta absorbió alguna vez un satélite propio.

Fuentes

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